Emprender un viaje es toda una aventura y más aún cuando tienes que despedirte de tus amigos, sólo te quedan tus últimos 5 euros en el bolsillo y ya vas una semana tarde a la Universidad.

Cuando uno comienza un viaje siempre espera que todo salga bien, pero no siempre lo que se espera es lo que sucede y es que siempre se tiene una enorme curiosidad en saber quien será tu vecino de puesto, cuantos bebés estarán llorando en el avión con padres desesperados intentando calmarlos y qué tan agradable será la comida que te ofrezcan.
Me encontraba en Alemania camino a Colombia, después de haber estado
dos meses y medio en compañía de un idioma y una cultura muy diferente a la colombiana.

Estar en Alemania fue magnífico, conocí muchas ciudades diferentes, probé la comida típica, tomé un curso de alemán y estuve en compañía de familiares y amigos que hace mucho no veía.
Pero después de una aventura tan maravillosa llegaba el día de devolverse a la realidad, con una maleta llena de ropa sucia y una cabeza con muchos recuerdos.

Todo comenzó con la salida tarde de la casa hacia el aeropuerto, lo que hizo que llegara con el tiempo justo al aeropuerto. Al entregarle mi maleta a la del check-in, me dijo que mis tiquetes estaban mal programados y que
mi conexión supuestamente salía en cinco minutos. Es decir, que a las 7am debía salir de Alemania pero ya a las 7:05am debía tomar la conexión para mi siguiente vuelo en España. Afortunadamente tras algunas explicaciones y pedirle el favor que arreglara los vuelos, pude iniciar mi viaje vuelta a casa.

Al llegar a España estaba muerta de hambre pero con cinco euros en el bolsillo no hay mucho que comprar en el aeropuerto. Me acerqué a un almacén de revistas y comida para picar, y al ver la revista Vogue España con Kim Kardashian en la portada no pude resistir comprarla, así que me olvidé un poco del hambre que tenía, compré la revista
y unas papas.

Al llegar a mi silla en el avión, cogí todo lo necesario para hacerme un vuelo de 11 horas lo más cómodo posible.

Divisé mi panorama y vi lo siguiente: a mi lado había un hombre de mi edad que sólo oía música y poco hablaba. A mi izquierda, después del pasillo, había un grupo de siete jóvenes de Irlanda que se dirigían directo a las playas de nuestro país por tres semanas. Unas filas más adelante, justo en el centro del avión, una familia de dos niños, papá y mamá. El papá les gritó todo el camino, diciendo cosas horribles de su esposa a sus hijos, lo que hizo que el vuelo fuera aún más tensionante. Confieso que nunca me había tocado en un avión violencia verbal de esa magnitud y realmente no estoy exagerando. Era tan grave que las mismas azafatas se pararon alrededor de la familia para intentar tranquilizar el ambiente.
Justo antes de aterrizar, conversé con el grupo de jóvenes extranjeros, me moría de la curiosidad por enterarme que sabían de Colombia. Me contaron de la belleza de nuestras playas, la diversidad de la comida, lo económico que era para ellos y claramente las mujeres tan lindas que vivimos aquí. Me preguntaron de algunos lugares turísticos que les recomendara y muchos platos de comida típica que no se podían perder.

Al llegar a Colombia siempre te espera un gran aplauso al aterrizar el avión, que sigue de un bienvenidos del piloto y una gran sonrisa de los que te esperan en la salida del avión.

Viajar es mi pasión y llegar al país de uno es un regalo doblemente grande.
¡Bienvenida a Colombia!

Nos vemos pronto Alemania,
Laura K.

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